Una valoración de las potencialidades y limites de las acciones formativas en el 3º sector
Una valoración de las potencialidades y limites de las acciones formativas en el 3º sector
La metodología y los modelos operativos del IDC configuran un Espacio formado por las unidades de apoyo formativo:
- Marco de acogida. Información y orientación.
- Animación y promoción.
- Taller de proyectos.
- Fondo documental.
- Observatorio de la innovación.
- Laboratorio de nuevas ocupaciones.Antenas de cooperación interterritoriales
Las unidades de apoyo proporcionan los elementos necesarios de formación y facilita el acceso a una cualificación permanente. Su oferta diversificada y personalizada, permite estructurar itinerarios formativos innovadores.
FORMACIÓN Y COHESIÓN SOCIAL
El desafío presente y futuro de la convivencia democrática no consiste sólo en recomponer su relación con la ciudadanía, sino en apostar por la construcción de una ciudadanía capaz de ser agente de su futuro individual y colectivo.
De esta forma se expresa en el tratado de Ámsterdam que prevé impulsar una ciudadanía más activa y participativa en la vida de la comunidad, fundada sobre una aproximación integral del aprendizaje a lo largo de toda la vida y la complementariedad de las ciudadanías europea y nacional.
En esta misma línea se manifiesta la carta europea de la formación una Comunicación de la Comisión acerca de la "Educación y Formación 2010" para coronar con éxito la estrategia de Lisboa.
En la carta se lee que "uno de los objetivos antes de que concluyera el 2010, es que la Unión tenía que "convertirse en la economía basada en el conocimiento más competitiva y dinámica del mundo, capaz de crecer económicamente de manera sostenible con más y mejores empleos y con mayor cohesión social". Asimismo, el Consejo señaló que esos cambios exigían no solamente "una transformación radical de la economía europea", sino también "un programa ambicioso de modernización del bienestar social y de los sistemas educativos". Nunca antes el Consejo Europeo había reconocido de esa manera el papel que desempeñan los sistemas educativos y de formación dentro de la estrategia económica y social y el futuro de la Unión"
El tercer sector con su experiencia confirma como los jóvenes adultos, los trabajadores altamente cualificados y los activos son las personas que tienen más posibilidades de formarse a lo largo de la vida. Son conscientes de los beneficios de una actualización de sus competencias y, por ello, están más motivados.
Por el contrario, las personas con bajos niveles de educación o de cualificación, los trabajadores de cierta edad, las capas de población marginada o que residen en barrios desfavorecidos o zonas aisladas y las personas con dificultades de aprendizaje están a menudo poco informadas de las posibilidades de educación y de formación.
Las instituciones y los programas les parecen poco pertinentes en relación con sus necesidades. De ahí que uno de los desafíos del tercer sector sigue siendo sensibilizar a estos grupos desfavorecidos respecto a las ventajas de la educación y la formación y hacer que los sistemas sean más atractivos y más accesibles y estén mejor adaptados a ellos.
El seguimiento comunitario de la realización de estrategias nacionales en materia de educación y de formación permanente está concediendo una especial importancia a esta dimensión.
CIUDADANIA ACTIVA
Para que una ciudadanía activa sea eficaz es necesaria la educación para la participación; es decir, la educación debe considerar la participación como un objetivo estratégico, un punto de partida y no de llegada.
Participar significa que los/as ciudadanos/as se implican y comprometen solidariamente con su territorio en la toma de decisiones y en el desarrollo local. No hay participación sin compromiso.
Así la formación va encaminada a desarrollar la capacidad de participación en la vida social, cultural, política y económica. Desde este punto de vista el aprendizaje consiste en una adecuada preparación, reciclaje y perfeccionamiento intelectual, técnico y profesional.
En el contexto del tercer sector en el que nos movemos, dentro de la formación, interesa de forma especial desarrollar lo siguiente:
- Ejercitar una conciencia de ciudadanía,
- Adaptación a la vida comunitaria,
- Desarrollar destrezas, hábitos y valores para actuar de manera organizada y eficaz
Motivar para la participación
También hay que poder participar. Si no existen los cauces y mecanismos necesarios en la sociedad y en las organizaciones no podrá materializarse la participación. Por tanto requiere de la creación de estructuras que faciliten la comunicación, el debate, la toma de decisiones y la acción común.
En este sentido la formación para la participación se perfila como un instrumento para el cambio, como el instrumento estratégico del desarrollo.
Es un modelo que requiere acciones pedagógicas orientadas a la persona en su globalidad, a la inteligencia, a la razón, a la voluntad y al sentimiento.
Así pues la participación, para que sea un verdadero cauce de desarrollo, debe cumplir una serie de condiciones: ser responsable y comprometida, activa y generalizada.
Cuando esta participación existe, la formación se establece de forma permanente como un circulo virtuoso: la participación lleva a la formación y la formación a la participación; en otras palabras a:
- Abrir horizontes,
- Comunicar seguridad y confianza en sus propias capacidades
- Estimular una mayor voluntariedad y dinamismo,
- y asumir, de modo gradual, responsabilidades crecientes en el desarrollo de su territorio, más allá, de los empeños singulares de cada uno.
- querer participar y contribuir en la ejecución de distintas iniciativas o proyectos
Así las cosas, la suma de todas estas manifestaciones e iniciativas constituye la creación de un clima favorable para una participación comprometida con el desarrollo en muchos territorios.
UNA CULTURA CIUDADANA DE PARTICIPACIÓN Y COMPROMISO
Las organizaciones no lucrativas y el voluntariado, junto con las políticas activas de empleo, dirigidas a los colectivos que tienen más dificultades, son instrumentos especialmente necesarios para las estrategias formativas
Por lo tanto, el voluntariado está llamado a ser un impulso positivo para la búsqueda de soluciones teóricas y prácticas a los problemas sociales; debe enfrentarse a ellos con creatividad y con pluralidad de planteamientos y actuaciones.
No obstante, cuando hablamos de voluntariado en un sentido amplio estamos hablando de una cultura participativa, ciudadana y comprometida. Desde esta perspectiva, las organizaciones de voluntariado social son un instrumento idóneo para promover la dinamización social, y la mejora de la calidad de vida.
Esta función la realizan promoviendo proyectos, aunando esfuerzos, coordinando y generando acciones comunes; siendo también mediación social privilegiada para que sean atendidas las necesidades de las personas y de los grupos menos favorecidos.
Sin embargo, el voluntariado en el medio rural requiere una formación específica, puesto que hay que tener en cuenta diversos aspectos no sólo la acción social, educativa, profesional y económica, sino también la cultural. El voluntariado cultural, tanto en la recuperación, conservación y promoción del medio ambiente, la cultura popular y tradicional, como en la defensa del patrimonio histórico y artístico. El voluntariado sólo encuentra su sentido como respuesta a una determinada comprensión de la realidad social y medioambiental rural.
PROPUESTAS DE MEJORA
La formación apunta:
- A la financiación de inversiones intelectuales capaces de generar una dinámica de participación duradera en el desarrollo de los pueblos. Inversiones que respondan a las demandas de la sociedad
- Será necesario trabajar para promover la capacidad de iniciativa y la motivación suficiente para animar nuevas propuestas de actividad.
- La formación se presenta, en el conjunto de los objetivos que se han ido formulando, como el instrumento capaz de: sensibilizar a la sociedad de la necesidad de articular mecanismos que, ir más allá de la mera adquisición de la educación, para procurar un cambio de mentalidad
El hecho de saberse, sentirse y identificarse como ciudadano de un territorio, puede motivar a los individuos a trabajar por él. No en vano, la potenciación de la vida local implica, entre otras cosas, una mayor participación y representación, sobre todo a través de nuevos cauces; destacándose especialmente la participación que es, además, un estilo de gobernar diferente y que implica un desarrollo de la tarea formadora de la ciudadanía local y de su cultura cívica.
1 El Instituto de Desarrollo Comunitario es una Federación de asociaciones sin ánimo de lucro, con años de historia y experiencia en el impulso y sostenimiento del desarrollo rural en España. Su ámbito de actuación se extiende a todo el territorio nacional.Sus actividades se iniciaron en 1979 y desde 1984, fecha en la que se articula en torno a una federación de IDC regionales o provinciales, trabaja en once Comunidades Autónomas; siempre en el marco de operaciones y actividades de desarrollo global privilegiando su dimensión económica.